12 de noviembre de 2007

The Legend of Zelda: Phantom Hourglass

El Wind Waker de GameCube y yo siempre hemos tenido una extraña relación amor-odio. Había ratos en los que me encantaban sus gráficos y otros en los que pensaba "pues vaya castaña". Así que cuando salió el Phantom Hourglas para DS me dije "me lo pillo porque es un Zelda, pero ya veremos si me gusta".



Y vaya si me gustó. Lo que pensaba que sería un Wind Waker 2 se convirtió en un viaje al pasado, a los tiempos del A Link To The Past de la Super Nintendo. Apenas necesité un rato de juego para notar esas reminiscencias al clásico de los clásicos zeldianos.

No tiene un modo lápiz y otro mando, como la reedición del Final Fantasy III (algún día hablaré de este juego), sino que es totalmente manejado por pantalla táctil. Además, me está resultando uno de los juegos más divertidos que he jugado para NDS, con perdón del New Super Mario Bros. y el fantástico Mario Kart DS. Aunque sean dibujos estilo-wind-waker, tiene esa vista superior que caracterizaba a nuestro héroe mientras corría aventuras allá por la Super Nintendo.



No voy a soltar spoilers sobre de qué va, pero os aseguro que la historia engancha, aparte de lo emocionante que resulta pasarse un templo usando el nuevo objeto (el reloj espectral).

Y qué más decir por ahora (ya veremos cuando me lo acabe), sino terminar con una frase de Ron Gilbert, creador del Monkey Island: "Proclamo The Legend of Zelda: Phantom Hourglass como el maldito mejor juego de Zelda jamás creado. Por qué le habrá costado tanto tiempo a alguien hacer un buen juego divertido en DS que no sea un estúpido-RPG-estilo-final-fantasy"

P.D: el FF para DS me encanta y para mi gusto los mejores Zeldas siguen siendo Ocarina of Time, Twilight Princess y A Link To The Past, pero son unas declaraciones bastante significativas.

Edito: Ya sé que el análisis está un poco corto, pero tenía cosas que hacer y estoy cansado. Cuando me lo termine os haré algo con spoilers y cosas malvadas de esas. Al menos comentaros ahora que me encantó lo de poder hacer anotaciones en el mapa.
Un comienzo siempre es un comienzo, ¿no?

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